Educar en el respeto y la tolerancia es un complemento de la educación de la libertad. Vivir estos valores es amar la dignidad de la persona y respetar su intimidad. También, porque no podríamos entender la libertad si no la contempláramos como una apertura hacia los otros. Hoy se habla mucho de estos temas, pero pocas veces se viven bien. No hay mas que ver cuando se reúnen unas cuantas persones... ¡que pocas escuchan!..., mas bien cada uno dice lo suyo sin dejar intervenir a nadie y se constata que todos y todas hablan a la vez. Un ejemplo: la palabra respeto se utiliza a menudo en los debates de la televisión, pero solo sirve para seguir dominando a los demás. Parece que el más fuerte es quién grita más.
No hace mucho, me encontré en una escuela a una maestra preocupada por un niño indígena que era menospreciado en el aula y una madre, con toda sinceridad, comentó que a ella tampoco le gustaba ese niño. Con su actitud negativa hacía que su hijo no se acercara al niño. Ya quedaba todo explicado, si bien su sinceridad dio pie a otras aportaciones que podían hacer que cambiara de opinión. Debemos procurar, ante nuestros pequeños y nuestros adolescentes, no hacer nunca ningún comentario negativo de nadie y saber acoger a los que son de diferente cultura, raza o preferencia sexual.
Tristemente nos encontramos con actos que atentan contra la bandera de la tolerancia y el respeto que la misma sociedad trata de ondear en nuestro país; como los ocurridos en Querétaro en marzo de este año, donde fueron golpeados un grupo de adolescentes autodenominados “EMOS” quienes influenciados por una nueva tendencia cultural con la cual no ofenden a nadie con su forma de vestir o con sus actos (como comentan algunos foros en la Web, opinando que contaminan la “ecología visual “del resto de la gente) y esto no significa que me identifique con su filosofía.
Es sorprendente ver en los bancos de sangre cuando una persona sin doble interés acude a donar sangre que es “requisito indispensable” no estar tatuado, perforado o ser homosexual (no al menos a la vista de quien toma la muestra) y la tristeza no son los requisitos en si o las consecuencias que cualquiera de estas tres condiciones de vida representen al riesgo de la donación misma, si no la doble moral que las instituciones publicas gritan públicamente al respecto con carísimas campañas televisivas del trato igual hacia las personas con sida que trabajan en una empresa y las cuales es mas que evidente que no aplican cuando son ellas mismas quienes restringen videos con simples besos homosexuales y permiten que en horarios familiares se transmitan escenas de desnudos con alto contenido de sexo heterosexual en canales públicos por medio de las telenovelas, o bien se hagan de la vista gorda ante ataques de violencia fisica a grupos culturales que mas que diferencias ideológicas tienen tintes meramente políticos.
La tolerancia y el respeto por nuestra gente es como la ropa sucia “debe lavarse en casa” y empezar a concientizarnos nosotros mismos de que a final de cuentas todos somos humanos y somos en esencia iguales y somos capaces de respetar y convivir en armonía con todo nuestro entorno, exigiendo siempre el mismo respeto que ofrecemos como un pago proporcional hacia nuestra persona, bien tampoco permitiendo actos que nos hagan sentir incómodos u ofendidos por la otra parte.
TQM